Balcarce, Argentina, 1911. En un pueblo de pampa y polvo nació el hombre que ganaría cinco campeonatos del mundo en cuatro equipos distintos.
No, espera. Ese es otro piloto. Retrocedamos.
Tony Brooks, nacido el 24 de febrero de 1932 en el seno de una familia británica de clase media, no llegó al automovilismo por herencia ni por accidente. Llegó por cálculo. Estudiante de odontología, comenzó a competir en 1952 en pruebas de resistencia y subidas de montaña mientras aún sostenía el taladro en la clínica de su padre. Seis años después, en 1958, ganó tres Grandes Premios —Bélgica, Francia y Alemania— al volante de un Vanwall, contribuyendo al primer título de constructores de la historia de la Fórmula 1. En total, seis victorias y diez podios en apenas 39 carreras, con un coeficiente de efectividad que pocos igualan. Brooks no fue el más veloz ni el más carismático; fue el más metódico, un cirujano del volante antes de que la cirugía fuera una metáfora.










